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Roberto Garcia Roberto Garcia Roberto Garcia
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Energía y producción energética
Energía y producción energética
En Costa Rica se explotan cinco fuentes de energía, en orden de importancia: hídrica, térmica, geotérmica, eólica y solar.
La primera planta hidroeléctrica del país, Aranjuez y ubicada en el centro de San José, entró en operación en 1884.
A partir de ese acontecimiento se continuaron construyendo diversas obras de generación eléctrica en varios lugares del país, como producto de iniciativas de las municipalidades y de empresarios privados, tanto nacionales como extranjeros.
En 1928 la transnacional estadounidense The Electric Bond & Share monopolizó los servicios eléctricos en la parte central del país, el mejor mercado del país.
El interés primordial de esa empresa fue maximizar ganancias con el mínimo de costo.
Esta situación generó una crisis energética generalizada y el malestar de amplios sectores de la sociedad costarricense.
En 1949 se crea el Instituto Costarricense de Electricidad, ICE, como respuesta al clamor por el manejo nacional del desarrollo y la presentación de servicios eléctricos.
Su Ley Constitutiva designa las siguientes como sus necesidades básicas: .
Construir plantas de generación eléctrica, .
Unificar toda la capacidad instalada en un único sistema y .
Expandir los servicios mediante la edificación de redes de distribución.
El desarrollo de la cobertura eléctrica del país a través de los años y como consecuencia de la obra realizada por el ICE, y otras empresas de distribución eléctrica, ha tenido un desarrollo vertiginoso en las tres áreas que componen un sistema eléctrico: Generación, Transmisión y Distribución.
Cuando se creó el Instituto en 1949 aproximadamente el 15% del territorio nacional tenía cobertura eléctrica.
Cincuenta y un año después en el año 2000, ese porcentaje llegaba a un 94.4%.
Hoy día, a 2007, el porcentaje de cobertura énergética alcanza el 97.5% del país, un porcentaje comparable al de países desarrollados.
En el año 2002 el ICE sufre un drástico ajuste que retrasaría sus inversiones, por la petición del Gobierno de que debe generar un superávit de ¢10.000 millones para ayudar a contener el déficit de las finanzas públicas.
Como resultado de éste y otros hechos en abril de 2007 se empiezan a sentir los efectos del faltante de energía, debida a la escasa inversión en dicho sector, produciéndose una serie de apagones que dejan en oscuridad a casi la totalidad del país.